Querida ausente (XCIII)
Querida ausente:
En la rosaleda,
hay rosas de muchos colores.
Algunas están marchitas,
otras son de un color granate,
y huelen de manera maravillosa.
Su perfume es fragante.
Hay rosas blancas que convocan
a la pureza.
Hay rosas amarillas
que proponen la luz de un sol silencioso
y que abriga el alma.
Si tú quisieras,
podríamos caminar juntos
por este lugar
cercano al parque del oeste,
y al que se accede
por un sendero bajo la atenta
mirada de pinos centenarios,
donde el silex
realiza su discurso,
y el teleférico
se ve a lo lejos pequeño
como sacado de una maqueta
para niños.
En la rosaleda,
hay rosas de muchos colores.
Algunas están marchitas,
otras son de un color granate,
y huelen de manera maravillosa.
Su perfume es fragante.
Hay rosas blancas que convocan
a la pureza.
Hay rosas amarillas
que proponen la luz de un sol silencioso
y que abriga el alma.
Si tú quisieras,
podríamos caminar juntos
por este lugar
cercano al parque del oeste,
y al que se accede
por un sendero bajo la atenta
mirada de pinos centenarios,
donde el silex
realiza su discurso,
y el teleférico
se ve a lo lejos pequeño
como sacado de una maqueta
para niños.
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