Querida ausente (LXXVII)

Querida ausente:

Te escribo
en esta tarde
de certezas,
de algunas preguntas irresueltas,
de otras resueltas,
preguntándome,
preguntándote,
si este tiempo
que nos viene,
exigente y sacrificado,
nos traerá finalmente una alegría compartida.

Creo que sí.
Aquel viaje acabó
y ésto hay que asumirlo.
Pero habrá otros viajes posibles
que podamos iniciar
independientemente de los
intentos de viajes anteriores.
Sólo cambiará el punto de origen,
el instante en el que el reloj
marcará un tiempo propicio,
y, mientras tanto,
viviremos cada momento
como si fuese el último
día de nuestra existencia.

En la estación, el tren dará su aviso.
La megafonía anunciará
su salida.
Y tal vez,
tomados de la mano,
entremos juntos
en el vagón,
buscando el compartimento
donde descansar
rumbo al siguiente futuro.

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