Querida ausente (LXIX)

Querida ausente:

Después de cada caída,
hay que levantarse.

Mirar al frente y ver
el camino que se abre
al presente,
al tiempo no aplazado
que no está pendiente
del futuro.

Construímos
juntos
una senda
donde nos acompañan
árboles fugaces,
tenues atardeceres,
donde el sol se apaga
antes
conforme
se acerca
el solsticio de invierno.
Imágenes de
barcas ligeras
en los estanques,
bicicletas
con cestos donde
acarrear las herramientas
de nuestro trabajo.

En el descanso,
paramos junto
en un remanso
del bosque,
y las hojas
caen
atropelladas
sobre la hierba.

Cuando reanudamos
la marcha,
casi nada
está terminado
pero sentimos
alegría en nuestros
corazones
porque
ninguna vereda
fue inaugurada en balde.







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