Querida ausente (xlii)
Querida ausente:
Hemos aprendido
del discurso de la lluvia,
tras los cristales.
De la ciudad
que es monolito
y desierto,
de los jardines
en los que apenas
amamos
el ruído
de la existencia
gris y displicente.
De lo importantes
que son las criaturas
que traemos al mundo
y de lo mucho
que las amamos,
de lo que las extrañamos
cuando no están cerca
y no las podemos
besar y abrazar.
Cuando
forman parte
de nuestro día,
cuando podemos
acompañar
su camino,
acariciar sus momentos,
una onda de esperanza
se propaga
a través de un estanque formado
en el bosque
por el agua de lluvia.
Querida ausente,
en estos días
en que nuestras criaturas
nos necesitan
comprendo más que nunca
tu posición
y mi amor
por ti se escapa
de cada verso
y entra por las rendijas
de los muros
secretamente,
con la constancia
propia del escriba.
Hemos aprendido
del discurso de la lluvia,
tras los cristales.
De la ciudad
que es monolito
y desierto,
de los jardines
en los que apenas
amamos
el ruído
de la existencia
gris y displicente.
De lo importantes
que son las criaturas
que traemos al mundo
y de lo mucho
que las amamos,
de lo que las extrañamos
cuando no están cerca
y no las podemos
besar y abrazar.
Cuando
forman parte
de nuestro día,
cuando podemos
acompañar
su camino,
acariciar sus momentos,
una onda de esperanza
se propaga
a través de un estanque formado
en el bosque
por el agua de lluvia.
Querida ausente,
en estos días
en que nuestras criaturas
nos necesitan
comprendo más que nunca
tu posición
y mi amor
por ti se escapa
de cada verso
y entra por las rendijas
de los muros
secretamente,
con la constancia
propia del escriba.
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